El agotamiento laboral tiene nombre: experta explica cómo reconocerlo antes de que sea tarde
Apatía, errores frecuentes y pérdida de creatividad son señales de desgaste laboral que muchos chilenos ignoran, según experta de Santo Tomás.
Con el último trimestre del año ya en marcha, las energías comienzan a escasear para muchos trabajadores en Chile. Jornadas extensas, notificaciones nocturnas y la dificultad para desconectarse del trabajo en el tiempo libre se han vuelto parte de una rutina que, lejos de ser inofensiva, puede derivar en un problema serio: el desgaste laboral crónico.
Así lo advierte Luisa Vergara, jefa de carrera de Técnico en Administración de Recursos Humanos de Santo Tomás Puente Alto, quien señala que el cansancio acumulado no es solo físico. Cuando se vuelve persistente, impacta también la salud mental y emocional de las personas, algo que en Chile afecta a miles de trabajadores sin que necesariamente reciban un diagnóstico formal.
¿Cómo saber si ya cruzamos el límite? Vergara identifica señales concretas que no deberían ignorarse:
- Apatía: pérdida del interés por tareas que antes resultaban motivadoras o significativas.
- Errores y omisiones reiterados: la concentración disminuye y el rendimiento se resiente de forma visible.
- Ausencia de creatividad: la persona deja de proponer, participar o buscar soluciones nuevas.
- Licencias médicas frecuentes: el cuerpo termina expresando lo que la mente ya no puede sostener.
La experta pone el foco en un punto que suele pasarse por alto: según su análisis, el 80% del agotamiento laboral no proviene del trabajo en sí mismo, sino del esfuerzo por controlar procesos, decisiones o variables que escapan al ámbito de acción directo de cada persona. Esa sensación de falta de control genera un desgaste sostenido que termina siendo más agotador que la carga de trabajo real.
"Una jornada de 8, 9 o 10 horas sin pausas de al menos 20 minutos produce cansancio físico, mental y emocional. Cuando esto es reiterado y casi permanente, hablamos de desgaste", explica Vergara.
En términos prácticos, la especialista plantea que el autocuidado genuino y la desconexión real son las herramientas más efectivas para revertir este cuadro. No se trata de medidas aisladas, sino de incorporar hábitos sostenidos: pausas efectivas durante la jornada, límites claros con la tecnología fuera del horario laboral y la capacidad de identificar qué situaciones están fuera del propio control para soltar la carga innecesaria.
En un país donde la cultura del trabajo intenso sigue siendo valorada socialmente, reconocer el desgaste a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación posible y un deterioro mayor. El bienestar laboral no es un lujo: es una condición básica para rendir, relacionarse y vivir mejor.